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EL FLAMENCO EN BARCELONA
Los primeros datos fidedignos, aunque hay indicios anteriores, de la llegada de artistas flamencos a Barcelona y de locales que ofrecían sus actuaciones son de la segunda mitad del siglo XIX. La relación histórica de Barcelona con el flamenco es, pues, ya largamente centenaria, habiendo sido, además, continua y fructífera. En las dos últimas décadas del siglo pasado y tres primeras del actual, la Ciudad Condal se convierte en uno de los primeros enclaves flamencos de toda España, es una de las ciudades con mayor número de locales flamencos y una mayor cantidad de actuaciones; prácticamente todos los grandes actúan aquí: don Antonio Chacón, Manuel Torre, Niña de los Peines, Macarrona, Malena, Ramón Montoya, Manuel Vallejo, Pastora Imperio, Sabicas...  
Una pasión que renace
El flamenco levanta nuevamente pasiones en Catalunya. Cada vez interesa a más personas. Cada vez son más los escenarios y más numerosos los públicos que se le rinden. Hoy se le estudia con rigor, se le documenta con veracidad, se escribe y se habla entusiásticamente de él, ha vuelto a ser motivo de inspiración para los artistas plásticos, es incluido en las programaciones culturales y forma parte de la oferta general de espectáculos.
Que esa pasión esté tan viva, como lo estuvo en felices épocas pasadas, que haya renacido se debe a un hecho sin precedentes parecidos. Por primera vez en la historia una espléndida generación de intérpretes ha nacido en Catalunya, vive en Catalunya y desde aquí hace música incuestionablemente flamenca. Su desacomplejada y poderosa presencia -en opinión del amigo Arcadi Espada- en la cultura autóctona devuelven al flamenco su rasgo principal. Lo que deslumbró, por ejemplo, a Gasch, aquel vanguardista fi-nísimo que nos dejó constancia escrita de otra época de pasión y fiebre flamenquista en Cataluna.

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