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EL FLAMENCO EN CATALUNYA Los primeros datos fidedignos, aunque hay indicios anteriores, de la llegada de artistas flamencos a Barcelona y de locales que ofrecían sus actuaciones son de la segunda mitad del siglo XIX. La relación histórica de Barcelona con el flamenco es, pues, ya largamente centenaria, habiendo sido, además, continua y fructífera. En las dos últimas décadas del siglo pasado y tres primeras del actual, la Ciudad Condal se convierte en uno de los primeros enclaves flamencos de toda España, es una de las ciudades con mayor número de locales flamencos y una mayor cantidad de actuaciones; prácticamente todos los grandes actúan aquí: don Antonio Chacón, Manuel Torre, Niña de los Peines, Macarrona, Malena, Ramón Montoya, Manuel Vallejo, Pastora Imperio, Sabicas... La fiebre flamenquista que vive Barcelona también se extiende al resto de Catalunya: Tarragona, Lleida, Sabadell, Sant Cugat, Girona, Cornellà, Santa Coloma de Queralt, Sant Adrià, Manlleu, entre otras poblaciones, pasan a formar parte del itinerario vital del flamenco. 
Paralelamente un notable número de escritores, pintores, escultores y músicos se aficionan a él y lo toman como fuente de inspiración para sus obras y creaciones. Surgen también los primeros artistas flamencos catalanes, de los que sobresale muy especialmente la irrepetible y genial Carmen Amaya, y aquí se asientan definitivamente el guitarrista Miguel Borrull, cabeza de una impagable saga de guitarristas y bailaoras, Juanito el Dorado, El Cojo de Málaga o Vicente Escudero. No podemos olvidar, por otra parte, que Catalunya cuenta con sus propios estilos de Rumba y de Garrotín, el viejo de Lleida. En las décadas de los cuarenta y cincuenta serán los artistas de la denominada Ópera Flamenca los que mantendrán encendida la llama flamenquista en Catalunya y nuevos creadores se asentarán aquí, José Beltrán "Niño de Vélez -Cornellà- y Manuel Ávila -Badalona-, creadores respectivamente de una Malagueña y de una Murciana. En los sesenta aparecen las primeras peñas flamencas y los artistas flamencos de la emigración (Jiménez Rejano, Manuel López, Andrés Márquez, Cumbreño, El Chano, Tío Remolino, Niño de la Rambla, etc.) vivifican nuevamente el flamenco, al tiempo que dos excelentes maestros, Flora Albaicín y José de la Vega, abren sus escuelas de baile flamenco en las que se han venido formando gran parte de los actuales artistas catalanes del baile. Hoy, Catalunya ocupa un destacadísimo lugar en el panorama actual del flamenco. Cuenta con una magnífica generación de artistas flamencos y cada día es mayor el número de jóvenes que lo eligen para su personal expresión artística, lo que nos permite encarar esperanzadamente el futuro. 
Una pasión que renace El flamenco levanta nuevamente pasiones en Catalunya. Cada vez interesa a más personas. Cada vez son más los escenarios y más numerosos los públicos que se le rinden. Hoy se le estudia con rigor, se le documenta con veracidad, se escribe y se habla entusiásticamente de él, ha vuelto a ser motivo de inspiración para los artistas plásticos, es incluido en las programaciones culturales y forma parte de la oferta general de espectáculos. Se ha generalizado la opinión de que el flamenco, objetivamente analizado, es un arte y una de las músicas más originales de la cultura universal, lo que supone un cambio radical en su aceptación y concepción respecto a etapas inmediatamente anteriores. Tan sólo aquellas personas más alejadas de los movimientos culturales y en las que persiste la imagen tópica del flamenco como algo para turistas y gentes poco recomendables están alejadas de esa postura. Que esa pasión esté tan viva, como lo estuvo en felices épocas pasadas, que haya renacido se debe a un hecho sin precedentes parecidos. Por primera vez en la historia una espléndida generación de intérpretes ha nacido en Catalunya, vive en Catalunya y desde aquí hace música incuestionablemente flamenca. Su desacomplejada y poderosa presencia -en opinión del amigo Arcadi Espada- en la cultura autóctona devuelven al flamenco su rasgo principal. Lo que deslumbró, por ejemplo, a Gasch, aquel vanguardista finísimo que nos dejó constancia escrita de otra época de pasión y fiebre flamenquista en Catalunya. Flamencos y catalanes Es una espléndida generación de artistas jóvenes preocupados por vivir de acuerdo con los tiempos actuales pero sin darle la espalda a la tradición, utilizándola como fuente de aprendizaje y nunca dejándose encorsetar por ella. Premiados en Córdoba, en La Unión..., sorprendiendo a propios y extraños, triunfando allá donde van, incansables y tenaces. Toda una realidad cierta, presente impagable. Una generación que está contribuyendo a transformar la tradicional estética del flamenco y su forma de presentación, que se rebela contra la dura dictadura de la nostalgia del pasado. Sus necesidades e intereses son diferentes a los de los flamencos clásicos, han logrado un espacio escénico más diversificado, su difusión se establece en circuitos universalizados, en los que el público receptor considera el flamenco un género artístico más, no necesaria e indisolublemente vinculado a su territorio nativo. Son intérpretes abiertos a la investigación, a la experimentación artística y a la fusión o mezcla creativa -constante característica del flamenco, por otra parte- contrapuesta a la "pureza" como concepto más castrador. Incluso realizan desacomplejadas incursiones en otros campos musicales. Su flamenco, al igual que el de los artistas madrileños y un buen número de los andaluces, es una música radicalmente urbana. La práctica totalidad de sus integrantes son hijos de emigrantes, de aquella emigración desbocada de los años sesenta y setenta. Hacen flamenco, seguramente, por sus padres, por el ambiente de las periferias en el que han nacido y han vivido y también por los factores oscuros que permiten que se declare el arte. Pero, sobre todo, hacen flamenco porque esa música encaja en su necesidad estética. 
La generación de la emigración. Seríamos absolutamente injustos si otorgáramos todos los méritos exclusivamente a los artistas de esa generación en la labor de recuperación y de dignificación del flamenco en Catalunya. No podemos, en modo alguno, olvidar la labor de las peñas y menos aún la inestimable aportación de los artistas emigrados, como tantos otros cientos de miles, que con su arte contribuyeron decisivamente a desbrozar el camino. La gran mayoría de estos artistas han desarrollado sus carreras artísticas básicamente en las peñas, ayudando, al mismo tiempo, al auge de las mismas, y participando en los concursos de dentro y fuera de Catalunya. Muchos menos son los que han actuado en tablaos, grandes festivales o han grabado discos, y aún menos los que han podido vivir profesionalmente de su arte. No obstante, es justo reconocerles que con su dedicación y ejemplo han facilitado la aparición de la actual generación de artistas flamencos catalanes, con los que comparten el actual brillante presente. Ambas generaciones ofrecen un variadísimo espectro flamenco. Los Novísimos No están solos los artistas hasta ahora comentados. Tras ellos viene empujando fuerte una nueva generación, la de los Novísimos; una generación de reciente añada que aún se está formando, que estudia, ensaya, prueba, experimenta y que para saber sus verdaderos resultados habremos de esperar todavía a pasar algunas páginas de los almanaques. El tiempo que todo lo aclara nos dirá si son ciertos y personales, con estéticas y sonidos propios. No obstante, sus miembros vienen ofreciéndonos pruebas suficientes de sus cualidades y conocimientos, de su calidad y de sus inquietudes, lo que nos permiten mirar esperanzadamente hacia el futuro. Conforman un grupo heterogéneo y ecléctico, con intérpretes del cante, del toque y del baile, gitanos y no gitanos, en el que hay de todo: experimentalismo convencional, verdadero empeño renovador y jóvenes del lado más académico. Tienen, algunas características, no excesivamente diferentes de las de sus predecesores, que les son comunes. Todos han nacido en Catalunya. Es una generación que rompe la imagen que hasta ahora se tenía de los artistas flamencos y que representan una estética nueva. Aúnan inspiración, vocación e intuición con trabajo, disciplina, estudio y preparación. Es una generación que ha optado sin titubeos por el flamenco como vehículo de su expresión artística personal, abierta a la evolución y a la renovación. Los recientes y clamorosos éxitos de los miembros de la generación catalana inmediatamente anterior a la suya, les sirven de estímulo y de acicate. Es una generación, por fin, musical y culturalmente mestiza. Criados en un medio urbano e industrializado, se sienten muy alejados de las circunstancias vitales e históricas que fueron originando y configurando el flamenco clásico, aprendiendo con mucha ilusión y desaliento ninguno, pendulando más hacia la renovación estilística que hacia el clasicismo, tienen sus referentes estéticos en Paco de Lucía, Camarón, Enrique Morente, Canales, Joaquín Cortés... De estos modelos, a pesar de su vasto componente ortodoxo, les interesa, no en todos los casos evidentemente, el hálito que desprenden de renovación, experimentalismo y modernidad. Todos, no obstante, han de tomarse con calma las cosas, no atragantarse de experimentalismo, no buscar la evolución por la simple evolución, sino que primero han de profundizar en el conocimiento y dominio de lo ya experimentado, forjarse una base formativa sólida para, teniéndola, intentar la renovación, la búsqueda de nuevas soluciones estéticas, la actualización lírica y musical del flamenco, lo que de entrada es verdaderamente difícil. El cada vez mayor reconocimiento público de que goza el flamenco y el mayor grado de aceptación que ha logrado en Catalunya, les facilita su dedicación y les alienta a proseguir su carrera. 
Catalanes y flamencos Consignemos finalmente a los músicos, que procedentes de otros ámbitos y expresiones musicales, se han apasionado por el flamenco, han aportado sus referencias y estilos distintos y han incorporado, incluso naturalizado, instrumentos no habituales en él, como prueba de su tremenda capacidad de sugestión, de asimilación, síntesis y mestizaje, de sus ilimitadas posibilidades de evolución y creativas. Ahí, por ejemplo, Toti Soler, Joan Albert Amargós, Carles Benavent, Domingo Patricio, Pep Pérez... También ahí los músicos de la percusión y el compás, cada día más solicitados, cada vez más habituales en los escenarios, Pepe Motos, Manuel Gómez, Quirós hijo... Igualmente no debemos dejar de resaltar la incorporación de la música y el baile flamenco por las compañías de danza y los grupos teatrales catalanes a sus espectáculos.
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